Las palabras y yo

martes, 30 de marzo de 2021



“He odiado las palabras y las he amado, y espero haber estado a su altura”
Markus Zusak


Las palabras y yo nos conocemos hace tanto tiempo que casi siento que somos viejas amigas. De esas amigas que van y vienen, se alejan y se amigan, pero que siempre están en los momentos que de verdad importan.
Las recuerdo incluso antes de que supiera qué eran o para qué servían. Antes de que me enseñaran las letras o el abecedario, sabía que me gustaba más “jugar” que “dormir” y definitivamente más que “ordenar”. En esa época, también, solían leerme cuentitos todas las noches antes de dormir y siempre me gustaba escuchar las mismas historias a pesar de que podía recitarlas de memoria.
Cuando empecé a crecer un poco más, empecé a usar las mías propias y llené cuadernos con historias, con páginas que empezaban con “querido diario…” y relataban dramas escolares, con proyectos que imaginaba que mi yo futuro haría, con garabatos. Después esas palabras viraron a interminables cartas por mail con mi prima, las reseñas de libros y los apuntes del colegio. Maduraron conmigo… y volver a encontrarme con ellas me provoca tanta ternura como vergüenza hacia un yo al que ya no reconozco, pero que recuerdo con el cariño de una hermana mayor.
En una época, nos peleamos. Como cualquier otra pelea tonta, surgió de una nimiedad que ya no recuerdo pero el rencor persistió. ¿O quizá el orgullo o quizá las ganas de olvidar una parte de mí que no me gustaba? Seguía leyendo las palabras de otros, más que nunca, pero nada brotaba de mí cuando quería expresar las mías. Sólo letras inconexas que no tenían ritmo ni armonía. Cuando agarraba la lapicera, salían casi sin fuerza, como si estuvieran cansadas. Entendí ahí que estábamos distanciadas, y no sólo porque no lograba conectar la mano con el cerebro y a éste con el corazón.

Odié las palabras cuando expresaban verdades que no quería ver.
Odié las palabras cuando traían malas noticias.
Odié las palabras cuando me hicieron sentir vulnerable ante los ojos de los demás.
Odié las palabras cuando evidenciaron lo que no era y lo que nunca podría llegar a ser.
Odié las palabras cuando estaba obligada a escribirlas.
Odié las palabras cuando sentía que tenía que justificarme ante todos.
Odié las palabras cuando me hacían sentir que no era suficiente para nada.
Y por todo esto creí que ya no sería capaz de escribirlas.

Que equivocada estaba. Si ahora miro para atrás, me doy cuenta de que en realidad seguían conmigo. Era con palabras, pero las palabras de las miradas, que les decía a otras personas que las quería. Era con palabras que construía los sueños más ambiciosos y era con otras palabras que los destruía. Sólo que a veces no eran solamente combinaciones de letras, sino que estaban escrito en idiomas que el ser entiende aunque no las podamos explicar. Conocí personas cuya esencia también tenía palabras y nos entendimos enseguida y sin explicaciones, porque comprendemos cosas que no hace falta definir hablando.
Si ahora miro para atrás, me doy cuenta de que nunca me dejaron. Las leí en voz alta, las leí a los gritos, las silbé bajito. las canté en un coro, las escuché en voces de otros. Tal vez fui yo la que decidió decir que ya no seguían con vida. Y así como en las palabras de otros podemos ver reflejada nuestra propia vida, hubo palabras mías que me hicieron volver a la realidad. Me di cuenta de que cuando no podía más era a las palabras a quiénes recurría, y quienes ahora me ayudan a revivir recuerdos, cerrar etapas, sentir nostalgia por cosas que ya se terminaron y entusiasmo por los planes para el futuro.
Como en cualquier relación, tuvimos épocas. Así, como las hojas caen en otoño en una sinfonía de colores, hay veces que las palabras brotan casi sin necesidad de que las rieguen. Y en otras épocas hay sequías. Incluso terremotos y tormentas. Pero el mundo sigue adelante, como lo ha hecho siempre, y uno tiene el consuelo de que siempre habrá una nueva primavera.

Hoy, las palabras y yo somos las mejores amigas.

Quizás porque finalmente las dejé salir cuando querían hacerlo.




14 comentarios:

  1. Hola, me ha encantado cómo usaste las palabras(mal chiste), gracias por compartirlo :D
    Besos :3

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  2. ¡Hola, Lara!
    Y yo me he quedado sin palabras... ¡qué texto más hermoso!
    Me alegra muchísimo que hoy día, las palabras y tú sean las mejores amigas, la verdad es que me encanta como escribes.
    Espero seguir leyendo entradas como la que hoy nos obsequias.
    Un abrazo y gracias por este hermoso post ;)

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  3. Lindo ♥♥♥
    Y sí, las palabras están ahí... a la espera.

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  4. Hola!! recién encuentro tu blog y me quedo por aquí, espero que me visites pronto :). El texto que escribiste es hermoso, tiene unas facilidad con las palabras.
    Besos!

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  5. ¡Hola Lara!

    Que preciosidad de entrada, me ha encantado leerte y enhorabuena, porque de verdad que te ha quedado genial ^^
    Además, me he sentido muy identificada con muchas de las cosas que dices. Es verdad que las palabras son como un viejo amigo: están siempre ahí, aunque a veces se alejen, desaparezcan, y otras veces fluyan solas. A mí también me pasa pero se que tarde o temprano volveré a ellas, aunque haya épocas de sequía, como dices tú.
    Me alegra ver que ahora has vuelto a acercarte a ellas y has pasado esa etapa en las que no querías o no podías dejarlas salir. Espero que siga así la cosa ;)

    ¡muuuuchos besos y gracias por compartirlo!

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    Respuestas
    1. Ireneee, gracias por tu comentario<3 me encantó! Y gracias por leer!!
      Buena semana!!!!

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  6. Qué hermoso texto, me gustó muchísimo. Gracias por compartirnos tus palabras :]

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