¿Tengo un hijo de seis años? [¡Estamos de CUMPLEAÑOS!]

miércoles, 9 de junio de 2021

 Si "criar" y "alimentar" a un blog en base a cientos de posts, comentarios, palabras, libros y más libros cuenta como tener un pequeño retoño... pues sí. 

¡Hoy 'Mi rincón entre los libros' cumple seis años!


Siempre en la gama de los violetas... aunque algunas eran horribles, hay que admitirlo.

Si fuera humano, estaría en primer grado de primaria y ya sabría que leer y escribir. Por suerte, criar a un blog no acarrea tantas responsabilidades (ni tantos gastos, menos mal) como criar a un pequeño humano, así que me puedo sentir una madre afortunada.

No tenía planeado publicar nada hoy, casi me olvido completamente de la fecha. Me acordé dos noches atrás cuando estaba metiéndome en la cama para irme a dormir, repentinamente recordé que estábamos a principios de junio y que este rinconcito ya casi estaba de cumpleaños. 

Como siempre digo en estos posts, lo que me parece más loco no es que hayan pasado seis años (aunque 2192 días es mucho tiempo) sino lo mucho que cambié desde ese momento. Seis años, en la vida de alguien joven, es mucho. ¿Cuántas etapas pasaron en el medio? Varias. Seguro es obvia la diferencia si se ponen a ver las primeras entradas del blog, cosa que no recomiendo que hagan si quieren que me muera de un pico de vergüenza. Pero cambiamos para bien, y aunque hoy aparezca por acá un par de veces por mes cuando las obligaciones y los estudios me lo permiten, tengo intenciones de seguir mientras tenga ganas de escribir y compartir sobre libros y pensamientos en este rinconcito de Internet.

Muchas gracias a los que leen siempre, a los que comentan, a los que pasan a veces, a los que dejan lindos mensajitos y a los que también tienen blogs literarios, porque me encanta leerlos y compartir dentro de esta pequeña comunidad

¿Me cuentan qué andan leyendo? Yo hoy empecé con 'I'd rather be reading' de Anne Bogel, que parece ser una linda y cortita colección de ensayos sobre ser un lector obsesionado como nosotros. Ya les contaré que me pareció :)


Abrazo fuerte y que tengan lindo resto de semana♡ 





Reseña: Cartas a los perdidos - Brigid Kemmerer

domingo, 23 de mayo de 2021

Título: Cartas a los perdidos
Título original: Letters to the lost.
Autora: Brigid Kemmerer
Páginas: 391 (edición original)
Año de publicación: 2017 (edición original)
Libro autoconclusivo (hay una segunda parte pero es independiente)
Sinopsis:  ¿Y si las palabras de un desconocido pudieran sanar tu corazón?
He empezado 35 cartas, y todas comienzan con “Tengo 17”, pero después no puedo escribir más. No quiero arruinar lo que tenemos. No quiero perderlo. 
Me veo como una estúpida. 
Parece que estuviera aquí sentada escribiendo cartas a la oscuridad, esperando una respuesta. 
Ni siquiera te conozco, pero siento que te entiendo. Siento que me entiendes. Y eso es lo que más me gusta de todo esto.




Siempre que ando con muchas cosas, especialmente con mucho para estudiar, me dan ganas de leer algo ligero y entretenido que me sirva para distenderme y para relajar a mi cansado cerebro. Aunque no soy de leer romances, a veces me dan ganas de alguno ligerito. Por eso elegí este libro... creyendo que iba a ser de romance fresco. ¡Qué equivocada estaba! La idea que tenía de este libro no puede estar más lejos de lo que me encontré. Pero lo que me encontré hizo que 'Cartas a los perdidos' se convirtiera en uno de los mejores libros que leí este año.
La sinopsis en español de este libro es bastante engañosa, debo decir. No se dejen llevar. Les cuento brevemente de que se trata, sin spoilers, por supuesto. Juliet Young tiene diecisiete años y acaba de perder a su madre en un accidente automovilístico. Todos los días va al cementerio, le escribe cartas y se las deja en la tumba. Aunque sabe que no es algo sano, es la única manera que tiene de aliviar un poco todo lo que siente: escribiendo, intentando recrear las cartas que se escribía con su madre cuando estaba viva. La madre era fotoperiodista y viajaba por el mundo la mayor parte del año, yendo a zonas de guerra para capturar imágenes que después recorrían el mundo entero. Por más que podían, obviamente, usar Internet para comunicarse, tenía el hábito de escribirse cartas a mano, para sentirse más cerca, para eliminar la distancia. Por otro lado, tenemos a Declan Murphy, el típico chico problemático de la secundaria. Todos escucharon hablar de él alguna vez, de como tuvo un accidente, estando borracho y destrozando el auto de su papá, pero nadie sabe en realidad nada de él ni sobre lo que pasó en realidad. Un día, trabajando en community service en el cementerio, encuentra una carta de Juliet y en un impulso escribe un comentario en ella. Y así comienza un intercambio de cartas y mensajes entre los dos, sin saber quién es el otro en realidad.
Ahora, ya sé lo que deben estar pensando: "¡pero esto suena al típico cliché de chico malo y chica buena bla bla bla!". Dejénme decirles que nada que ver. Yo también lo pensaba antes de empezarlo, pero esta novela esconde mucho mucho detrás de lo que parece.
Lo que más me sorprendió fue lo profunda que es y la cantidad de temas serios e importantes que toca. Empezando claramente por el tema del duelo y el dolor ante la pérdida de seres queridos, también se habla de lo complejas que pueden ser las relaciones familiares, del peso de las miradas de los demás (y como la secundaria puede ser un infierno en ese sentido), los prejuicios, la vulnerabilidad, la importancia de comunicar cómo nos sentimos, la superación y la importancia de la amistad. Ah, la presencia de la amistad fue algo que amé particularmente en este libro. 
Todos estos temas están tratados de una manera muy real y muy madura a través de los personajes. En serio, los amé. A Juliet y a Declan como protagonistas, con sus matices, sus luchas y sus progresos, y a otros personajes secundarios que van apareciendo. La autora crea personajes muy buenos y muy bien logrados. Son reales, complejos, crudos y tienen una evolución que es SUBLIME, pero además son tiernos y hay muchos momentos graciosos. Porque ojo, son todo lo que dije puede sonar a que es un libro pesado y lento, pero todo lo contrario: se lee muy rápido, es ligero y muy entretenido: las páginas se pasan solas. En serio: de a partes tenía que frenarme porque leía tan rápido que tenía miedo de que se acabara enseguida. 
Por otro lado, el otro factor que me sorprendió es que casi no hay romance. Apenitas. Y ni siquiera. El libro no está centrado para nada en el tema romántico, sino que se enfoca en como se va desarrollando la relación entre los protagonistas, como pasan de ser desconocidos a ir ayudándose mutuamente con las situaciones extremadamente difíciles que ambos pasaban. Y es hermoso, hermosísimo. Quise llorar, reír y gritar miles de veces, pero en la mayor parte del libro lo único que quería hacer era ir y darles un abrazo de oso. En general, es un libro triste, con momentos felices aquí y allá, pero es un libro triste que no contagia tristeza al lector, sino ganas de ayudar a que las cosas estén mejor. 


Si pienso en qué cosas me dejó esta lectura, se me ocurren dos grandes mensajes. Por un lado, me gustó muchísimo la idea, que está presente en todo el libro, de que sólo vemos una foto, un fragmento, de la vida de las personas que no conocemos tanto, y cómo asumir sobre lo que no vemos puede ser muy muy perjudicial. Por otro lado, también me gustó la idea de que no hay "personas malas" completamente, sino que todos tenemos algo para dar y algo para aprender.
Como último comentario: me hizo pensar en la importancia de tener adultos presentes y padres que se ocupan. Ver como un personaje tuvo que sufrir por errores de los adultos que tenía que cuidarlo es simplemente desgarrador. Y también, al contrario, ver como la presencia de adultos que sí se preocuparon y ocuparon puede cambiar todo, literalmente todo.
¿Qué más puedo decir de 'Cartas a los perdidos'? Se convirtió en uno de mis contemporáneos favoritos. Me hizo sentir mil cosas, disfrutar, sufrir, querer abrazar a todo el mundo. Aún cuando es una novela con elementos de cliché y twists que es obvio que están para agregar más drama e interés al asunto, es un libro muy muy bien escrito, muy bien logrado y con una intención clarísima. Lo amé.


“One day isn't your whole life. A day is just a day.”


El tiempo para leer es tiempo robado

domingo, 2 de mayo de 2021

Hace cosa de un mes empecé las clases; estoy cursando tres materias. Ojo, que el número no los haga subestimarlas, porque a veces se siente como si estuviera cursando mil. Mis días se pasan ahora entre números, calculadoras y tablas periódicas, además de los ya viejos conocidos Zooms y Meets y de las caminatas hasta el baño y la heladera. Mentira, hago algunas otras cosas también, pero generalizando. Eso sí: los días se me pasan volando y trato de organizarme para tener tiempo para hacer todo, incluso descansar un rato (sí, soy la reina de las to-do lists). Y en eso surge la pregunta, ¿cuándo voy a leer? 

En general el tiempo destinado es a la noche, antes de dormir, pero estoy más dormida que despierta y no disfruto tanto de la lectura porque todo lo que quiero es cerrar los ojos (y dejar de contar cuántas horas faltan para levantarme).

En el medio de todo esto, me acordé de algo que mi profesor de Literatura de la secundaria nos había dado a leer en algún momento. Lo busqué. Se llama "¿Dónde encontrar tiempo para leer?" del escritor francés Daniel Pennac. Hacia el final, dice lo siguiente:

"¿A qué parte de mi distribución del tiempo debo quitar ese momento de lectura diaria? ¿A los amigos? ¿A la tele? ¿A los desplazamientos? ¿A las veladas familiares? ¿A los deberes?
Problema serio.
Que no lo es.
Desde el momento en que se plantee el problema del tiempo para leer, es que falta el deseo. Pues visto con detenimiento, nadie tiene jamás tiempo para leer. Ni los pequeños, ni los adolescentes, ni los mayores. La vida es un obstáculo permanente para la lectura.
— ¿Leer? Me gustaría mucho, pero el trabajo, los hijos, la casa, ya no tengo tiempo…
— ¡Cómo envidio que usted tenga tiempo para leer!
¿Y por qué una mujer, que trabaja, hace compras, cría a sus hijos, conduce su auto, ama a tres hombres, va al dentista, se muda la semana próxima, encuentra tiempo para leer y aquel casto rentista soltero, no?
El tiempo para leer es siempre tiempo robado. (De la misma manera que lo es el tiempo de escribir o el tiempo de amar).
¿Robado a qué? Digamos que al deber de vivir.
El tiempo de leer, como el tiempo de amar, expande el tiempo de vivir.
Si tuviésemos que enfrentar el amor desde el punto de vista de nuestra agenda, ¿quién se arriesgaría a ello? ¿Quién tiene alguna vez a un enamorado que no se tome el tiempo de amar?
Yo nunca he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme terminar una novela que amara.
La lectura no tiene que ver con la organización social del tiempo; es una manera de ser, como el amor.
El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no (tiempo que además, nadie, nunca me dará), sino en si me regalo o no la dicha de ser lector."
Extraído de Club de Lectores

Releerlo, por supuesto, me dejó pensando. Sí, técnicamente el tiempo para leer es tiempo robado, robado de quehaceres más importantes o más urgentes que podría estar atendiendo. Pero también lo sería el tiempo de ver una película, de charlar de improvisto con un amigo, de llorar. Es tiempo robado a la vida, ¿pero que pasa si meto leer dentro de esa vida? ¿Se puede hacerle un espacio y convertir también el tiempo de leer en tiempo de vivir, incluyéndolo?

Pero más adelante, el texto dice "el tiempo de leer, como el tiempo de amar, expande el tiempo de vivir". Y eso me encantó, porque siento que es muy verdad. Lo enriquece, lo hace más "vivible", si me permiten inventar palabras. Lo amplía.

Creo que, al final, todo depende de en qué sentido usemos la palabra "tiempo". En el punto de vista de la agenda, como menciona Pennac, estas actividades escapan a ser planificadas. Uno no les suele asignar un horario. Pero desde un punto de vista más amplio, todo está fusionado. Leer, escribir, amar, se fusionan con los hechos de todos los días: las obligaciones laborales, el estudio, los quehaceres domésticos y los problemas familiares. Y así, leer, nos puede ayudar a sobrevivir.

No sé a qué conclusión quiero llegar con esto. Por un lado me gusta lo que escribe Pennac, por otro lado siento que no es del todo verdad. Creo que, al final, todo lo que quiero es que, en el medio de los hechos diarios que nos pueden llevar casi sin pensarlos, no me olvide de aquello que de verdad es importante.

Y leer lo es.






Lecturas marginadas del último mes [MINI RESEÑAS de NOVELAS variadas]

sábado, 17 de abril de 2021

Viendo que libros leí en los últimos meses me di cuenta de que era tiempo de una sección de "lecturas marginadas". ¿De qué se trata? Básicamente junto varias mini reseñas en una entrada de libros que por una razón u otra no llegaron a tener una reseña exclusiva. Principalmente por tiempo, ya empecé las clases y no me está dando para publicar más *suspiro cansado*.  Pero bueno, en la entrega de hoy justo da la casualidad de que son todas novelas, así que si quieren chusmear están más que invitados :)



Tu y yo después del invierno de Laia Soler | ★★★★★

Ay, ¿qué decir de este libro? Laia, siempre Laia... 

A lo largo de la historia del blog hablé mucho de esta autora porque me conquistó hace unos años con 'Heima es hogar en islandés' y me volvió loca con sus personajes, su forma de escribir y la ambientación en Islandia. El año pasado le dediqué una entrada a otro de sus libros, 'Nosotros después de las doce' que me llegó muchísimo y me hizo reflexionar sobre la magia de las palabras y cómo nos afectan según nuestra etapa de la vida o según que estemos atravesando (si quieren leerla les dejo el link acá, es uno de mis posts favoritos del blog<3). Este libro es la continuación. Aunque lo presentan como autoconclusivo, la verdad que recomiendo leerlos en orden porque hay muchos detalles que se pierden. En 'Tu y yo después del invierno' nos encontramos con la historia de Erin. Erin es un personaje que me encantaba en el libro anterior así que amé que Laia haya decidido contar también su parte y desarrollarla. Ambos libros estan ambientados en Valira, un pueblo ficticio entre las montañas, pero verla desde la perspectiva de Erin fue hermoso, porque se sintió como volver a un viejo lugar querido pero sin la sensación de una historia que se volvía a repetir.

Este libro me destruyó emocionalmente, también. No sé bien si clasificarlo como romántico, para mí trata más sobre las idas y las vueltas en las relaciones, especialmente la relación con uno mismo. Trata temas también como la depresión, la ansiedad, el futuro, la amistad. Algunos la leerán y pensarán que es entretenida pero que es una novela más. Tal vez yo en otro momento hubiese pensado lo mismo, pero lo leí justo cuando necesitaba leerlo, si es que tiene sentido.

No lo considero como mi libro favorito de Laia, pero me gustó muchísimo. Y, de nuevo, me dejó pensando sobre el poder de las historias. ¿Ustedes tiene un libro/autor con el que les pase esto?


La penúltima oportunidad de Caroline Vermalle | ★★★

Me topé con esta novela de casualidad en la estantería de mis abuelos y me pareció que podía ser entretenida así que la robé la tomé prestada. Como dice la sinopsis, es la historia de unos señores setentones franceses que un día se cansan de estar sentados en el sillón con las pantuflas puestas y se lanzan a hacer el Tour de Francia, pero en auto. A su vez, se desarrolla con la nieta de uno de ellos, que estaba en Londres y con quien tenía una relación un poco lejana. En otras palabras: es una novela tierna, con sus momentos duros, entretenida y rápida de leer.

Debo decir que me gustó, pero tampoco me deslumbró. Fue una linda lectura y me alegro de haberme encontrado con ella. Disfruté especialmente las descripciones de los lugares de Francia por los que iban viajando, y el mensaje general de cómo la tecnología puede cambiar para bien las relaciones entre las personas.

El único detalle: sentí que la traducción al español estaba muy forzada en algunas partes, no sé si tradujeron expresiones literalmente o qué pero no se sentía que la narración ni los diálogos fueran naturales. No sé francés así que no puedo comprobarlo con la versión original, pero me dió la sensación de que era cosa de la traducción.

Tambores de otoño (Outlander #4) de Diana Gabaldon | ★★★★

AVISO: *Esta mini reseña puede contener spoilers de libros anteriores. Nada muy importante, de todas formas, y ninguno de este libro en específico*

Siii, finalmente seguí con mi querida saga de Outlander. Como saben, son libros largos, así que intento ir leyendo uno por mes, para también no olvidarme detalles entre libro y libro. Creo que ya lo dije antes, pero creo que este se convirtió en mi nuevo libro favorito de la saga. Y es difícil de decir por qué, teniendo en cuenta que los personajes están lejos de Escocia. Creo que principalmente me gusta que la relación de Claire y Jaime esté 100% consolidada, que hayan madurado juntos, que sean un equipo y que hayan aprendido a ayudarse y apoyarse, especialmente frente a todas las adversidades que tienen que pasar. Me derrito de amor. Por más que tiene su dosis de romance, no es un libro focalizado en las idas y vueltas de su relación, sino que son un equipo. Y me encanta.

Por otro lado, Diana Gabaldon sabe ambientar muy bien sus historias y es algo que disfruto mucho porque también se aprende sobre el contexto histórico y cultural de donde se desarrolla la trama (y a lo largo de la saga van por varios lugares). Los personajes también me gustan, los viejos y los nuevos. Roger me pareció un poco infumable, a veces, pero no voy a entrar en detalles para no spoilear nada. Por lo pronto tengo muchas ganas de seguir leyendo. Jaime y Claire ya son como viejos amigos.


Las viudas de los jueves | Claudia Piñeiro | ★★★


Claudia Piñeiro es una escritora argentina que vengo viendo mucho últimamente, y el otro día cuando estaba viendo qué leer me encontré con este libro. Y me tentó.
Leer 'Las viudas de los jueves' me puso INCÓMODA. Les juro, cuanto más se narraba sobre las maravillas del country exclusivo "Altos de la Cascada", menos ganas me daban de vivir ahí. ¡Y su gente! Un personaje más... ejem, insoportable (para decirlo suavemente) que el otro. Le quise gritar "¡espabilate"! a más de uno. Pero, bueno, entiendo que eso era también lo que quería mostrar la autora. El mundo aparte, exclusivo y aparentemente perfecto que habían creado alejado del resto de la realidad del país (el contexto de la novela es la crisis del 2001 acá en Argentina) y las personalidades de quienes viven ahí dentro. Y cómo no pueden seguir aparentando su estilo de vida cuando el país se cae a pedazos.
A pesar de que odié a los personajes (sólo un par se salvaron pero, repito, se nota que la intención no es que sean agradables), disfruté la novela y me enganchó bastante: una mezcla de thriller y crítica social que se vuelve muy interesante. No me volvió loca, tampoco, pero me gustó descubrir a esta autora y quiero leer más de ella.

~

Por otro lado, hace poco también leí 'La sociedad literaria y de pastel de cáscara de papa de Guernsey' (alto título, ¿eh?), una novela epistolar ambientada post Segunda Guerra Mundial que me FASCINÓ y a la que le hice una reseña exclusiva porque se lo merecía. También leí el libro original que inspiró la serie 'Gambito de dama' e hice un post hablando de las diferencias y semejanzas entre ambos y haciendo un análisis y reseña en general

~

¡Buen fin de semana! Que tengan lindas lecturas :) 









Las palabras y yo

martes, 30 de marzo de 2021



“He odiado las palabras y las he amado, y espero haber estado a su altura”
Markus Zusak


Las palabras y yo nos conocemos hace tanto tiempo que casi siento que somos viejas amigas. De esas amigas que van y vienen, se alejan y se amigan, pero que siempre están en los momentos que de verdad importan.
Las recuerdo incluso antes de que supiera qué eran o para qué servían. Antes de que me enseñaran las letras o el abecedario, sabía que me gustaba más “jugar” que “dormir” y definitivamente más que “ordenar”. En esa época, también, solían leerme cuentitos todas las noches antes de dormir y siempre me gustaba escuchar las mismas historias a pesar de que podía recitarlas de memoria.
Cuando empecé a crecer un poco más, empecé a usar las mías propias y llené cuadernos con historias, con páginas que empezaban con “querido diario…” y relataban dramas escolares, con proyectos que imaginaba que mi yo futuro haría, con garabatos. Después esas palabras viraron a interminables cartas por mail con mi prima, las reseñas de libros y los apuntes del colegio. Maduraron conmigo… y volver a encontrarme con ellas me provoca tanta ternura como vergüenza hacia un yo al que ya no reconozco, pero que recuerdo con el cariño de una hermana mayor.
En una época, nos peleamos. Como cualquier otra pelea tonta, surgió de una nimiedad que ya no recuerdo pero el rencor persistió. ¿O quizá el orgullo o quizá las ganas de olvidar una parte de mí que no me gustaba? Seguía leyendo las palabras de otros, más que nunca, pero nada brotaba de mí cuando quería expresar las mías. Sólo letras inconexas que no tenían ritmo ni armonía. Cuando agarraba la lapicera, salían casi sin fuerza, como si estuvieran cansadas. Entendí ahí que estábamos distanciadas, y no sólo porque no lograba conectar la mano con el cerebro y a éste con el corazón.

Odié las palabras cuando expresaban verdades que no quería ver.
Odié las palabras cuando traían malas noticias.
Odié las palabras cuando me hicieron sentir vulnerable ante los ojos de los demás.
Odié las palabras cuando evidenciaron lo que no era y lo que nunca podría llegar a ser.
Odié las palabras cuando estaba obligada a escribirlas.
Odié las palabras cuando sentía que tenía que justificarme ante todos.
Odié las palabras cuando me hacían sentir que no era suficiente para nada.
Y por todo esto creí que ya no sería capaz de escribirlas.

Que equivocada estaba. Si ahora miro para atrás, me doy cuenta de que en realidad seguían conmigo. Era con palabras, pero las palabras de las miradas, que les decía a otras personas que las quería. Era con palabras que construía los sueños más ambiciosos y era con otras palabras que los destruía. Sólo que a veces no eran solamente combinaciones de letras, sino que estaban escrito en idiomas que el ser entiende aunque no las podamos explicar. Conocí personas cuya esencia también tenía palabras y nos entendimos enseguida y sin explicaciones, porque comprendemos cosas que no hace falta definir hablando.
Si ahora miro para atrás, me doy cuenta de que nunca me dejaron. Las leí en voz alta, las leí a los gritos, las silbé bajito. las canté en un coro, las escuché en voces de otros. Tal vez fui yo la que decidió decir que ya no seguían con vida. Y así como en las palabras de otros podemos ver reflejada nuestra propia vida, hubo palabras mías que me hicieron volver a la realidad. Me di cuenta de que cuando no podía más era a las palabras a quiénes recurría, y quienes ahora me ayudan a revivir recuerdos, cerrar etapas, sentir nostalgia por cosas que ya se terminaron y entusiasmo por los planes para el futuro.
Como en cualquier relación, tuvimos épocas. Así, como las hojas caen en otoño en una sinfonía de colores, hay veces que las palabras brotan casi sin necesidad de que las rieguen. Y en otras épocas hay sequías. Incluso terremotos y tormentas. Pero el mundo sigue adelante, como lo ha hecho siempre, y uno tiene el consuelo de que siempre habrá una nueva primavera.

Hoy, las palabras y yo somos las mejores amigas.

Quizás porque finalmente las dejé salir cuando querían hacerlo.